MÉTODO BUENOS DÍAS, BUENAS NOCHES DE PRE-AJEDREZ PARA EDUCACIÓN INFANTIL

Raquel Manzanero es la creadora del “MÉTODO BUENOS DÍAS, BUENAS NOCHES, DE PREAJEDREZ PARA EDUCACIÓN INFANTIL” un proyecto pedagógico pionero que lleva a cabo como educadora infantil en el Colegio Federico García Lorca (Alcobendas – Madrid). También colabora con la Fundación Kasparov en los Seminarios internacionales “El Ajedrez como herramienta pedagógica y de inclusión social”.

En el aula escolar, los cuentos, las canciones, las sorpresas, los juegos y la psicomotricidad en la lona del tablero, crean un mundo atractivo alrededor del ajedrez que permite a los niños disfrutar y aprender al mismo tiempo, recibiendo todos los beneficios de este juego sin tener que enfrentarse de repente a un mundo de reglas para el que todavía no están preparados.

El nombre del método, propone un ajedrez de alternancia de ganadores y no de lucha entre ejércitos. Los juegos y las canciones ayudan a los peques a memorizar la colocación de las piezas.

Los beneficios del ajedrez a través de historias reales

Historias llenas de emociones

Los estudios de investigación que se han hecho sobre los beneficios de este maravilloso juego, son estupendos para hacer una valoración fiable, pero más convincentes aún son las historias reales de niños que el ajedrez les ha hecho mejores personas o al menos más felices.

Introducir el ajedrez educativo en horario lectivo a veces no es fácil porque hay que tener a toda la comunidad educativa a favor. El primer paso es el difícil. Después es tan sencillo como rendirse ante la evidencia. En un solo curso aplicando el ajedrez educativo en la etapa de educación infantil en el colegio público Federico García Lorca de Alcobendas, en Madrid, los resultados han superado las expectativas.

La emoción ha estado presente en todo el proceso: Me emocioné cuando llegaron a mí historias fantásticas de niños que jugaban al ajedrez. Esa emoción me llevó a crear un método para enseñar ajedrez con todos sus beneficios en educación infantil. Conseguí contagiar mi emoción a la directora que apoyó el proyecto, a los profesores, a los padres que tanto han aportado y a los niños cuando nos sorprendían cada día con su interés. Y la emoción por el reconocimiento de este proyecto me acompañará siempre. Me gustaría contagiar ese primer momento que me impulsó a querer emprender este viaje de emociones. Las personas que lean estos relatos cortos, basados en historias reales, van a tener claros los beneficios del ajedrez y como podrán comprobar no doy ningún dato estadístico.

La emoción se vive y se contagia. Aquí va el primero de los relatos cortos.

EL AJEDREZ EN LA VIDA

El niño que pidió un juego de ajedrez a los reyes magos

¿Te puedes imaginar una habitación llena de juguetes? Pues así es mi habitación. Soy Guille y tengo 8 años. En mi habitación hay robots, piezas de construcción, coches teledirigidos, juegos familiares… pero no suelo jugar con ellos. No sé por qué pero últimamente no me divierto, no tengo con quién jugar porque no tengo hermanos y mis padres no tienen mucho tiempo. Cuando llego del colegio solo me apetece coger la tablet y jugar un rato… pero también solo.

Todo cambió de un día para otro sin darme cuenta.

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Hace unos meses, como todos los años, vinieron los Reyes Magos, bien cargados de juguetes. Yo los abría con cierto interés pero acababan como todos los demás, en las estanterías de mi habitación. Uno de ellos, un juego de ajedrez, venía con un mensaje de los Reyes Magos: “Una vez, este juego, la tristeza de un Rey curó, su poder es infinito si un compañero de juego encuentras”. De repente, me vino a la cabeza una foto que tenía mi abuelo en la habitación de la residencia donde vivía. Él estaba jugando al ajedrez con un amigo y es la única vez que vi una sonrisa en su cara.

Los domingos, cuando íbamos a verle, mientras miraba por la ventana con sus manos agarradas una a la otra, como si no pudieran estar separadas, yo le daba un abrazo y un beso y él seguía mirando hacia la ventana. Pero ese domingo fue especial. Yo llevaba una bolsa con mi juego de ajedrez y, al sacarlo de la bolsa, la cara de mi abuelo cambió. Un brillo especial inundó sus ojos, y separó las manos a pesar de su temblor, para intentar coger una pieza de ajedrez. Volvieron a juntarse sus manos, y haciendo un gran esfuerzo dijo: -“peón e4”. Lo entendí todo, quería jugar al ajedrez conmigo. Así que saqué el tablero y comenzamos a jugar, él con las blancas y yo con las negras. Me iba diciendo sus movimientos y yo las movía. Nunca movió sus manos para coger una pieza, pero no hacía falta, para eso estaba yo. Fue espectacular, mi abuelo todavía recordaba cómo jugar y además jugaba muy bien.

Desde entonces yo seguí llevando mi tablero de ajedrez. Uno de esos domingos, mis padres hablaron con su médico. Decía que había mejorado muchísimo y que yo estaba haciendo una gran terapia con él. No sabía muy bien lo que quería decir terapia, nunca había escuchado esa palabra, pero tenía claro que mi abuelo estaba mejor, mucho mejor y eso me hacía sentir fenomenal. Volví a recordar el mensaje que pusieron los Reyes Magos en el tablero de ajedrez: “Una vez, este juego, la tristeza de un Rey curó, su poder es infinito si un compañero de juego encuentras”.